El intendente Juan Manuel Moroni encabezó el acto oficial por el Día del Maestro en la IPET Nº 87 “Robertina Moyano de Sastre”.
La comunidad se reunió nuevamente para conmemorar el fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento, ocurrido el 11 de septiembre de 1888, en Asunción del Paraguay.
Durante el homenaje al máximo promotor de la educación pública en la Argentina y ex presidente actuaron el Coro Municipal “Armonía” y alumnos del Centro Superior Polivalente de Arte “Martín Malharro”
Sarmiento fue una de las mentes más brillantes y multifacéticas que dio el país.
A los 5, en 1816, en su San Juan natal, ingresó a una de las llamadas “Escuelas de la Patria”, fundadas por los gobiernos de la Revolución.
El contexto en el que creció, la formación que recibió el futuro “padre del aula” y sus inicios como educador en la adolescencia moldearon su visión sobre el progreso y la instrucción pública. Su presidencia fue vital en el diseño de la Argentina que hoy conocemos.
Al hacer uso de la palabra, la licenciada Eliana Tobares, encargada del área educativa de la Municipalidad, reconoció la tarea docente y el papel de las instituciones educativas y su lugar central en la vida de las personas. “Educar supone recibir un mundo, ponerlo a disposición de quienes llegan y, al mismo tiempo, abrir la posibilidad de que esa realidad sea pensada de otro modo. Muchas gracias a nuestros docentes, por asumir cada día, esa inmensa responsabilidad”, afirmó la funcionaria.
Sobre Sarmiento, afirmó que “entendió la educación como una cuestión de Estado”, como una herramienta fundamental para construir ciudadanía y como una forma de intervenir sobre el futuro de una sociedad. Sumó que el pensamiento del ex jefe de Estado, situado en una época determinada, estuvo atravesado por sus propias contradicciones y por los límites de su tiempo, y postuló que sigue vigente “la convicción de que una sociedad también se construye a través de la educación que decide ofrecer”.
Cabe recordar que en 1869, el por entonces primer mandatario decidió motorizar el primer censo, cuyos resultados lo aterraron. Entre otros datos, del relevamiento surgió que de 300 mil ciudadanos aptos para votar, solo 50 mil leían y escribían. Ante ello, proclamó su primera política de estado para un siglo: “escuelas, escuelas, escuelas”.








